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DOCUMENTOS

Lo esencial de la entrevista de Guayaquil - Por Horacio Juan Cuccorese (1921-1990)

Lo esencial de la entrevista de Guayaquil

Los Libertadores San Martín y Bolívar se entrevistan en Guayaquil en julio de 1822. Al término de las conferencias, San Martín le propone a Bolívar ser prudentes y mantener en reserva los resultados de la conversación. ¿Por qué callar? ¿Cuál es la razón del secreto? Es por un noble propósito: se requería guardar silencio para mantener incólume la unidad sudamericana. A juicio de San Martín, los resultados de la entrevista son desconsoladores. La desinteligencia era manifiesta puesto que no se había logrado el acuerdo para que ambos Libertadores terminaran, juntos y prontamente, la guerra de la independencia. San Martín se retira voluntariamente del escenario de sus triunfos. Hace un verdadero sacrificio por amor a América independiente, dejando libre el camino para que Bolívar apresure sus pasos y conquiste la independencia definitiva. El silencio varonil de San Martín no es debidamente comprendido y surge una leyenda de las tinieblas. Se dice que San Martín, vencido por el genio de Bolívar, se ve obligado a emprender el ostracismo. Falsa apreciación de la realidad. Pero importa poco. San Martín sabía que las nuevas generaciones de americanos y la historia juzgarían, con verdad y justicia, su actitud de hombría de bien. Efectivamente, llegada la hora de la verdad histórica, que se apoya sobre base documental, genuina y veraz, se llega a la conclusión que San Martín es ejemplo de virtud.

Historia objetiva

San Martín le propone a Bolívar, en enero de 1822, dialogar sobre los intereses generales de ambos Estados, la enérgica terminación de la guerra que sostenemos y la estabilidad del destino que con rapidez se acerca a América. El encuentro es diferido como consecuencia de las maniobras militares de Bolívar en Quito. Se agudiza la cuestión de la soberanía de Guayaquil. Bolívar sostiene la tesis de que Guayaquil forma parte de Colombia. San Martín razona de manera diferente. Dice: siempre he creído que en tan delicado negocio, el voto espontáneo de Guayaquil sería el principio que fijase la conducta de los Estados limítrofes, a ninguno de los cuales compete prevenir por la fuerza la deliberación de los pueblos. Prosigue: dejemos que Guayaquil consulte su destino y medite sus intereses para agregarse libremente a la sección que le convenga, porque tampoco puede quedar aislada sin perjuicio de ambos. Bolívar no cree, en cambio, que Guayaquil tenga derecho a exigir de Colombia el permiso para expresar su voluntad para incorporarse a la república, pero accede a consultar al pueblo de Guayaquil. Finalmente la decide incorporar a Colombia. San Martín manifiesta su inconformismo, expresando: “V.E. no ignora que Guayaquil, provincia libre, se encuentra bajo el Protectorado del Perú. Tampoco ignora que batallo ejerciendo sin reservas el apostolado de la libertad, por lo que estoy impedido de reconocer a Colombia soberanía en ese territorio. Rehuso el conflicto, porque la retrotracción sería guerra fratricida. No sacrificaré la causa de la libertad a los pies de España.” San Martín le escribe a Bolívar: “Yo no quiero ni puedo dejar de esperar que el día en que se realice nuestra entrevista, al primer abrazo que nos demos transigirán cuantas dificultades existan y será la garantía de la unión que ligue a ambos Estados.” Bolívar ofrece, después de las victorias de Bomboná y Pichincha, auxiliar militarmente al Perú. Dice: “El ejército está pronto a marchar donde quiera que sus hermanos lo llamen.” San Martín acepta alborozado tan espontáneo ofrecimiento y expresa: “El Perú recibirá con gratitud todas las tropas de que pueda disponer V.E. a fin de acelerar la campaña.” El buen propósito de confraternidad se confirma en el Tratado de Unión, Liga y Federación perpetua en paz y en guerra, del 6 de junio de 1822. San Martín le informa verbalmente a Bolívar, durante la entrevista, que está decidido a servir bajo sus órdenes para terminar prontamente la guerra de la independencia. ¡Evidente sorpresa! ¿Será sincero el ofrecimiento de subordinación militar que expresa San Martín? La respuesta es rechazar, por delicadeza, tal proposición. Pronto surgen las desavenencias sobre estrategia militar. San Martín plantea la necesidad de que el ejército colombiano auxilie a los hermanos peruanos y Bolívar solamente ofrece tres batallones.

La carta de San Martín a Bolívar, del 29 de agosto de 1822 es reveladora de la realidad: “Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me proponía para la pronta terminación de la guerra . Desgraciadamente yo estoy firmemente convencido, o de que usted no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con la fuerza de mi mando, o que mi persona le es embarazosa.” Luego agrega: “Estoy íntimamente convencido que sean cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de América es irrevocable. Pero también lo estoy, de que su prolongación causará la ruina de los pueblos. Y es un deber sagrado para los hombres a quienes están confiados sus destinos, evitar la continuación de tamaños males. En fin, general, mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado al primer Congreso del Perú y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido que sólo mi presencia es el único obstáculo que le impide a Ud. venir al Perú con el ejército a su mando. Para mi hubiera sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América del Sur debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse.” Finalmente expresa: “Con estos sentimientos, y con los de desearle únicamente sea Ud. quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de la América del Sur, se repite su afectisimo servidor.” San Martín cumple con su promesa de mantener reserva pública sobre el desacuerdo final con Bolívar. En consecuencia, sólo informa al pueblo peruano que el Libertador Bolívar auxiliará con tres de sus bravos batallones y remitirá considerable armamento. Y estas son sus palabras de exhortación: “Tributemos nuestro reconocimiento al inmortal Bolívar”.

Interpretación bolivariana

¿Cuál ha sido el resultado de la entrevista de Guayaquil? La Relación Oficial Reservada de la secretaria general de la República de Colombia (Cuartel General de Guayaquil, 29 de julio de 1822), que firma J. G. Pérez, después de informar que San Martín no quería mezclarse en los negocios de Guayaquil; que estaba quejoso de sus compañeros de armas; que se retiraba del Protectorado y que consideraba conveniente la instalación de la monarquía en el Perú, continúa la Relación diciendo:

“Habiendo venido el Protector como simple visita sin ningún empeño político ni militar, pues ni siquiera habló formalmente de los auxilios que había ofrecido Colombia.” ¡Increíble! ¡San Martín se muestra indiferente frente a graves cuestiones políticas y militares! ¡Sólo había ido a conversar con Bolívar en Guayaquil, cumpliendo un acto de cortesía! Distinta es la versión que revela directamente Bolívar a Santander, en carta del 29 de julio de 1822: “Yo creo que él ha venido para asegurarse de nuestra amistad, para apoyarse con ella con respecto a sus enemigos internos y externos. Lleva mil ochocientos colombianos en su auxilio.” Agrega: “El Protector me ha ofrecido su eterna amistad hacia Colombia; intervenir a favor del arreglo de limites; no mezclarse en los negocios de Guayaquil; una federación completa y absoluta aunque no sea más que con Colombia, debiendo ser la residencia del Congreso, Guayaquil.” Bolívar manifiesta, además: “En fin, él desea que todo marche bajo el aspecto de la unión, porque conoce que no puede haber paz y tranquilidad sin ella. Diré que no quiere ser rey, pero tampoco quiere la democracia y sí que venga un príncipe de Europa a reinar en el Perú.” La opinión de Bolívar sobre San Martín se tornará comprensivamente favorable al sufrir el Libertador la amargura de su propia experiencia en la vida pública.

Interpretación sanmartiniana

Volvamos a la significativa carta de San Martín a Bolívar del 29 de agosto de 1822 y comprendamos la fortaleza espiritual de nuestro Libertador al decidir: “Los sentimientos que exprime esta carta quedarán sepultados en el más profundo silencio. Si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos, para soplar la discordia.” San Martín, ya en su retiro voluntario, escribe a su querido amigo Tomás Guido, en setiembre de 1822: “Lo diré a usted sin doblez. Bolívar y yo no cabemos en el Perú. He penetrado sus miras arrojadas, he comprendido su desabrimiento por la gloria que pudiera caberme en la prosecución de la campaña. Él no excusará medios, por audaces que fuesen, para penetrar en esta república seguido de sus tropas y, quizás entonces, no me sería dado evitar un conflicto a que la fatalidad pudiera llevarnos, dando así al

mundo un humillante escándalo. Los despojos del triunfo, de cualquier lado a que se incline la fortuna, los recogerían los maturrangos, nuestros implacables enemigos, y apareceríamos convertidos en instrumentos de pasiones mezquinas. No seré yo, mi amigo, quien deje tal legado a mi patria, y preferiría perecer antes que hacer alarde de laureles recogidos a semejante precio. ¡Eso no!” Historiadores bolivarianos han puesto en duda, desde el año 1941, la autenticidad de la carta de San Martín a Bolívar, fechada el 29 de agosto, a la que hemos hecho referencia y que fue publicada en Francia e Italia por Gabriel Lafond de Lurcy, en el año 1843. En consecuencia, resulta ineludible presentar otras cartas posteriores de San Martín que confirman plenamente la “carta de Lafond”. San Martín escribe a Guillermo Miller desde Bruselas, el 19 de abril de 1827: “En cuanto a mi viaje a Guayaquil, él no tuvo otro objeto que el de reclamar del general Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú. Auxilios que una justa retribución (prescindiendo de los intereses generales de América) lo exigía por lo que el Perú tan generosamente había prestado para libertar el territorio de Colombia. Mi confianza en el buen resultado estaba tanto más fundada, cuanto el ejército de Colombia después de la batalla de Pichincha se había aumentado con los prisioneros y contaba con 9.600 bayonetas. Pero mis esperanzas fueron burladas al ver que en mi primera conferencia con el Libertador me declaró que, haciendo todos los esfuerzos posibles, sólo podría desprenderse de tres batallones con la fuerza total de 1.070 plazas. Estos auxilios no me parecieron suficientes para terminar la guerra, pues estaba convencido que el buen éxito de ella no podía esperarse sin la activa y eficaz colaboración de todas las fuerzas de Colombia. Así es que mi resolución fue tomada en el acto, creyendo de mi deber hacer el último sacrificio en beneficio del Perú. Al día siguiente y en presencia del vicealmirante Blanco, dije al Libertador que habiendo dejado convocado al Congreso para el próximo mes, el día de su instalación sería el último de mi permanencia en el Perú, agregando: ahora le queda a Ud. a poner el último sello a la libertad de América.”

San Martín se refiere nuevamente a la entrevista de Guayaquil muchos años después. En carta al presidente del Perú, mariscal Ramón Castilla

“Boulogne-sur-Mer, 11 de setiembre de 1848. Yo hubiera tenido la más completa satisfacción habiéndola puesto fin con la terminación de la guerra de la independencia en el Perú, pero mi entrevista en Guayaquil con el general Bolívar me convenció (no obstante sus protestas) que el solo obstáculo de su venida al Perú con el ejército de su mando no era otro que la presencia del general San Martín, a pesar de la sinceridad con que le ofrecí ponerme bajo sus órdenes con todas las fuerzas que yo disponía. Si algún servicio tiene que agradecerme la América, es el de mi retirada de Lima, paso que no sólo comprometía mi honor y reputación, sino que me era tanto más sensible cuanto que conocía que con las fuerzas reunidas de Colombia, la guerra de la independencia hubiera terminado en todo el año 23. Pero este honroso sacrificio, y el no pequeño de tener que guardar un silencio absoluto (tan necesario en aquellas circunstancias) de los motivos que me obligaron a dar ese paso, son esfuerzos que Ud. podrá calcular y que no está al alcance de todos poderlos apreciar.” Es notable la serenidad de espíritu en San Martín. Sus palabras a Bolívar, Miller y Castilla, francas y valientes, obvian todo comentario. Sólo cabría juzgar a San Martín de acuerdo con su moral. Porque sus normas de vida son esencialmente éticas: en él, el hombre moral supera al militar y político.

Reflexiones de Bolivar

Bolívar comenta a Santander la posibilidad de irse fuera del país, y agrega: “Lo que lograré ciertamente, o sigo el ejemplo de San Martín.” (Pativilca, 7 de enero de 1824). Está tentado a renunciar al mando por el horrible peligro de las disensiones civiles. Le escribe al presidente del Congreso, diciendo: “No ha mucho tiempo que el Protector del Perú me ha dado un terrible ejemplo, y sería grande mi dolor si tuviese que imitarle.” (Pativilca, 9 de enero de 1824). El retiro voluntario de San Martín es juzgado por Bolívar, en el tiempo de su templanza, con espíritu de justicia. Es enaltecedor; sólo los hombres que poseen amor de grandeza reconocen los verdaderos méritos de quienes soportan con entereza la adversidad y la incomprensión.

En consecuencia: ¿por qué extrañarse cuando Bolívar sublima el ejemplo dado por San Martín? Bolívar reflexiona: “Hay que tener en cuenta que el genio de San Martín nos hace falta y sólo ahora comprendo el porqué cedió el paso para no entorpecer la libertad que con tanto sacrificio había conseguido para tres pueblos.” (Bolívar a Sucre, Cuartel General de Chancay, 7 de noviembre de 1824).

La sentencia histórica final

La reflexión filosófica de la historia es la que nos aproxima a la verdad. ¿Cuál es el significado trascendente de la entrevista de Guayaquil? Dejemos a la vera del camino las interpretaciones fáciles: que Bolívar es el vencedor político de la entrevista y, por lo tanto, se agiganta su esplendor disipando entre las sombras la figura de San Martín; o, en sentido contrario, que San Martín es el vencedor moral al ahogar sus ambiciones personales, en virtuoso sacrificio, para resguardar la unión y libertad sudamericana y, por consiguiente, asciende su personalidad y disminuye la figura de Bolívar. Tanto una, como otra, son interpretaciones inconvincentes. Para comprender la esencia de la realidad histórica hay que penetrar en el pensamiento íntimo de los Libertadores. Cada uno tiene su propia concepción de vida. Pero hay que “ver” aún más allá de lo que señalan los factores biológicos y sicológicos que forman, en su conjunto, la personalidad. San Martín señala el camino cuando en sus cartas medita sobre el “destino”. El hombre en sociedad es el protagonista de la historia; posee libertad plena para hacer o deshacer, construir o derrumbar. Debemos comprender que en el curso de esa historia influyen los factores que llamamos providencia, destino o fortuna. Si nos preguntamos: ¿hubo un enfrentamiento entre los Libertadores?, la respuesta es afirmativa. Ese desacuerdo, ¿tiene valor permanente? No; es un hecho circunstancial de importancia relativa; es sólo un momento dado de pasión que se extingue con el tiempo. Lo esencial, lo que sobrevive a la entrevista, es que San Martín y Bolívar, transitando por caminos distintos, se aúnan y armonizan en el amor por la libertad de la América independiente. Ambos sacrificaron sus vidas cumpliendo una misión inmanente. Merecen, juntos, la gloria histórica y, naturalmente, nuestra admiración y respeto.

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